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El Yoga es uno. La esencia y el principio del Yoga es el mismo, aunque sus apelativos difieran entre sí.

 

Hatha Yoga es la ciencia de la voluntad, que comienza con el cuerpo para acabar en el alma.

 

HYP, “Prana vrtti nirodah” (aquietar las fluctuaciones de la respiración)

YS, I.2, “Citta vrtti nirodah” (aquietar las fluctuaciones de la consciencia)

 

La unión de la mente con el alma es Hatha Yoga. El camino hacia esa unión empieza en el cuerpo.

 

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LOS YOGA SUTRAS DE PATAÑJALI

En algún momento de la historia, entre el 500 y 200 a.C, hubo un gran sabio llamado Patañjali. El sistematizó la ciencia del Yoga en cuatro capítulos, compuestos de 196 sutras, o aforismos. Estos sutras son como las cuentas de un collar, un collar de sabiduría.

En los Yoga Sutras Patañjali nos habla de los ocho pétalos del Yoga, en el siguiente orden:

 

Yama. Buen comportamiento hacia los demás.

Niyama. Buen comportamiento hacia uno mismo.

Asana. Maestría sobre el cuerpo.

Pranayama. Maestría sobre la respiración.

Pratyahara. Maestría sobre los sentidos y la mente.

Dharaņa. Concentración.

Dhyana. Meditación.

Samadhi. Unión con lo divino.

 

La práctica de cada una de estas disciplinas nos va guiando hacia la siguiente. En realidad las ocho están interconectadas, y forman el cuerpo integral del Yoga.

 

 

EL CAMINO DE LA POSTURA A LA MEDITACIÓN

(de asana a dhyana)

 

Según dicen los Yoga Sutras:

 

(YS II.46) “Sthira sukham asanam

 

Asana es firmeza corporal perfecta, estabilidad de inteligencia y benevolencia de espíritu. La presentación de un asana debe ser ecuánime, imperturbable y serena a todos los niveles de cuerpo, mente y alma. De este modo mente y cuerpo están cada vez más cerca, y las asanas se van volviendo meditativas.

 

 

Mi templo es el cuerpo, las asanas son las oraciones” BKS Iyengar

 

Asana es el primer paso consciente en el camino del Yoga. Si el Yoga es como un reino, la puerta de entrada es asana. El cuerpo se posiciona de diferentes maneras, hasta ajustarse en la forma que requiere asana.

 

Asana significa asiento, y un asiento debe ser firme y estable para poder permanecer cómodamente en él. Esa firmeza y estabilidad es la que se aprende y trabaja en la postura, lo cual también requiere de una atención total. La estabilidad comienza entonces en el cuerpo físico, herramienta que nos es asequible a todos.

 

La práctica de las posturas mantiene la limpieza en nuestro organismo y en nuestra mente, templo del alma.  Nos mantienen sanos, con una mente aguda y una inteligencia alerta.

 

Se necesita dedicada atención para ejecutar las asanas, para colocar los miembros, los músculos y los órganos de una manera cuidadosa y fina: creamos espacio entre los músculos, articulaciones y órganos cuando estamos en la postura. Se van comprendiendo, a través de la inteligencia, los numerosísimos movimientos que puede hacer nuestro cuerpo. Esto es percepción consciente.

 

 

 

Patañjali nos dice que hay que aprender el arte de difundir la consciencia en el propio sistema. Esta ubicuidad es meditación, o dhyana.

En meditación la mente está en calma, pero alerta. Ejecutando las asanas de este modo, moviendo la mente en cada acción del cuerpo, con el tiempo la práctica se vuelve meditativa. La atención va pasando de una parte del cuerpo a otra, hasta llegar a abarcarlo todo.

 

 

EL ARTE DE LA PRÁCTICA

En los Yoga Sutras, así como en el Hatha Yoga Pradipika, se habla de una práctica constante, sincera e ininterrumpida con el objetivo de alcanzar la meta del Yoga. Camino a esa meta se consiguen notables cambios y mejoras en la salud del cuerpo, de la mente, a través del refinamiento de la inteligencia hasta alcanzar la consciencia. Sólo continuando en el camino podremos descubrir que es lo que nos espera más allá.

 

 

 

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